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¿Qué son las vacunas?

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Una vacuna es una sustancia biológicamente activa diseñada para proteger a niños y adultos de infecciones causadas por bacterias y virus. Las vacunas también se llaman inmunizaciones porque sacan ventaja de la capacidad natural de nuestro sistema inmunitario para prevenir enfermedades infecciosas. Para entender cómo funcionan las vacunas, necesitamos considerar cómo nuestro sistema inmunitario nos protege de las infecciones.

El sistema inmunitario

Nuestros cuerpos cuentan con una variedad de métodos para protegerse de microorganismos infecciosos, como bacterias y virus. El más sofisticado de estos métodos involucra activar células específicas del sistema inmunitario, algunas de las cuales producen proteínas llamadas anticuerpos . Para que el sistema inmunitario responda de manera efectiva a un microorganismo infeccioso, el invasor debe portar algún tipo de identificación al que las células inmunes puedan reconocer y responder. Estos marcadores de identificación se llaman antígenos . Tanto las bacterias como los virus portan sus propios antígenos. De hecho, diferentes variedades o diversidades del mismo microorganismo poseen su propio antígeno único. Las células inmunes son capaces de reconocer estos antígenos altamente específicos, identificar apropiadamente a sus propietarios como amenazantes y por consiguiente responder de manera acorde.

La respuesta del sistema inmunitario en realidad consiste en dos partes. Primero, en presencia de un antígeno particular, células inmunes especiales llamadas linfocitos se vuelven activas y toman medidas contra el antígeno y su propietario, ya sea al desencadenar un ataque directo sobre el invasor o al segregar anticuerpos para que hagan el trabajo. Generalmente, esto funciona bastante bien, pero la respuesta completa puede tomar un tiempo, a veces días o semanas. Durante este tiempo, sufrimos los síntomas de la enfermedad infecciosa. Entre los síntomas se incluyen molestias como fiebre, dolor de garganta o exantema. Solo es después que el sistema inmunitario obtiene el control cuando comenzamos a recuperarnos.

La segunda parte de la respuesta del sistema inmunitario , e igualmente importante, involucra crear memoria. No todas las células inmunes y anticuerpos estimulados inicialmente están diseñados para destruir al invasor. Una parte de estos se retiene para que puedan combatir una infección otro día. El propósito de estas células de memoria y anticuerpos es atacar de manera rápida y abrumadora y destruir al invasor si fuera a atacar nuevamente. En la mayoría de los casos, esta capacidad de memoria es tan eficiente que cuando vuelve a aparecer el mismo antígeno en el futuro, ignoramos completamente que hemos estado expuestos. El término inmunidad se utiliza para describir la situación en la que una respuesta de memoria eficaz ha atacado al antígeno de un microorganismo particular.

Considere el ejemplo de la varicela, una infección viral común. Si nació antes de los comienzos de la década de los noventa, cuando se introdujo la vacuna contra la varicela, probablemente recuerde no haber asistido a la escuela durante alrededor de una semana por tener fiebre y exantema. Usted probablemente también notó que nunca se volvió a repetir la misma enfermedad. Esto es verdad a pesar de que casi seguramente ha estado expuesto al virus muchas veces desde entonces. Su sistema inmunitario recuerda exitosamente el antígeno de la varicela desde su encuentro inicial con el virus y responde eficazmente cada vez que se enfrenta con el antígeno idéntico.

Ahora veamos el caso de la gripe. ¿Por qué es posible, incluso probable, padecer gripe invierno tras invierno a pesar de tener una respuesta inmunitaria saludable cada vez? Bueno, a diferencia del virus de la varicela, diferentes variedades de influenza infectan a los seres humanos cada temporada. Ser inmune a la variedad de gripe del año pasado podría protegerlo durante la duración de la temporada, pero será de poca utilidad cuando lleguen las variedades del próximo año. Solo existe una cepa de varicela que infecta a los seres humanos.

Formas para engañar al sistema

Entonces, ¿dónde encajan las vacunas? El concepto detrás de las vacunas es estimular una respuesta de la memoria sin producir una enfermedad real. Si tiene éxito, una persona vacunada puede disfrutar los beneficios de la inmunidad sin tener que padecer la enfermedad original. Para lograr esto, una vacuna debe contener al menos un antígeno de la bacteria o virus de interés. El antígeno puede tomar muchas formas:

  • Una parte de la toxina que causa los efectos perjudiciales de la infección, como en el caso del tétanos y la difteria.
  • Componentes minúsculos de bacterias eliminadas, como en el caso de la tos ferina.
  • Proteínas víricas producidas por la biotecnología, como en el caso de la hepatitis B.
  • Virus o partes de virus eliminados, como en el caso de la poliomielitis inactivada.
  • Virus vivos que se convirtieron en inofensivos mediante un proceso denominado “atenuación”, como en el caso del sarampión, las paperas, la rubéola o la varicela.

Una vez que la vacuna ingresa en el organismo, su(s) antígeno(s) comienza a estimular el desarrollo de células inmunes y anticuerpos, que se acumulan en el transcurso de varias semanas. Debido a que la respuesta inmunitaria producida por vacunas no es tan fuerte como la respuesta inmunitaria producida por un microorganismo infeccioso real, una sola dosis de vacuna, por lo general, solo proporciona protección limitada. Esta es la razón por la que casi todas las vacunas requieren múltiples dosis para asegurar que el receptor sea suficientemente inmune. Por ejemplo, hasta hace poco, la vacuna para el sarampión solo se administraba una vez en la niñez temprana. Cuando comenzaron a aparecer brotes de sarampión en adolescentes previamente vacunados, se volvió claro que se necesitaba una segunda dosis o refuerzo . Ahora a todos los niños se les recomienda recibir una dosis de refuerzo.

Es importante señalar que con frecuencia, los antígenos de las vacunas se combinan con otros componentes por una variedad de razones. Para aumentar la magnitud de la respuesta inmunitaria, en especial en niños pequeños cuyos sistemas inmunitarios todavía tienen que madurar, a menudo los antígenos se combinan químicamente con sustancias llamadas “potenciadores”, como las sales de aluminio. Además, una vacuna puede contener subproductos del medio en que se produjo, como proteína de huevo, así como sustancias para preservar la eficacia del antígeno y mantenerlo estéril, como antibióticos. De hecho, una aparente alergia a una vacuna podría estar provocada por estos aditivos en lugar de por el antígeno en sí.

Inmunidad activa frente a inmunidad pasiva

Hasta ahora, la discusión se ha enfocado en la llamada inmunidad activa, que ocurre cuando una persona está expuesta a una infección real o en lugar de ello recibe una vacuna. En cualquier caso, el sistema inmunitario responde activando su propio abastecimiento de células y creando sus propios anticuerpos. Sin embargo, existe una manera alternativa para volverse inmune.

En la inmunidad pasiva , una persona se puede beneficiar por la respuesta inmune de alguien más al recibir sus anticuerpos premanufacturados. Esto ocurre de manera natural en el útero. Antes de nacer, los bebés reciben los anticuerpos de su madre, que atraviesan la placenta y protegen al recién nacido del ambiente hostil, repleto de gérmenes que se encuentra en el mundo exterior. Si no fuera por estos anticuerpos, los bebés tendrían un momento difícil para sobrevivir a los muchos meses que les tomaría para acumular activamente su propia inmunidad.

La inmunidad pasiva también se puede crear de manera artificial al administrar anticuerpos recuperados de personas que ya han adquirido inmunidad activa para una infección particular. Las vacunas pasivas contienen inmunoglobulinas , que es otro término para anticuerpos. La inmunidad pasiva se usa más comúnmente en personas que recientemente han estado expuestas a una infección seria, o que están en alto riesgo de tal exposición, y podrían no estar completamente protegidas. Esto es porque la protección proporcionada por la inmunización pasiva es inmediata, mientras que la inmunización activa tarda semanas o incluso meses para volverse completamente protectora.

Un ejemplo de esto podría ser un bebé que aún no ha recibido la vacuna activa contra el sarampión. El bebé podría recibir la inmunoglobulina pasiva de sarampión en caso de una exposición en casa, como un hermano mayor con una infección por sarampión. Aunque las inmunizaciones pasivas son útiles en casos seleccionados, rutinariamente solo se utilizan las inmunizaciones activas. Esto es debido a que la inmunidad pasiva dura unos cuantos meses en el mejor de los casos, mientras que los efectos protectores de la inmunidad activa, con dosis apropiadas de refuerzo, deberían durar toda la vida.

Vacunas para prevenir otras enfermedades

Todas las vacunas están diseñadas para dar en el blanco de infecciones. Sin embargo, dos vacunas comúnmente recomendadas tienen el beneficio agregado de proteger contra el cáncer. Esto es verdad debido a la asociación cercana de ciertos virus con el desarrollo de ciertos tipos de cáncer. La hepatitis B es el primer ejemplo de una vacuna (introducida en 1982) que también reduce el riesgo de padecer cáncer. La hepatitis B es una causa principal de cáncer hepático primario y otras son la cirrosis alcohólica y la hepatitis C. Al eliminar esencialmente el riesgo de hepatitis B, la vacuna protege contra su cáncer asociado, pero no tiene efecto sobre el riesgo de cáncer hepático asociado con un consumo de alcohol excesivo o con la hepatitis C.

Un ejemplo más reciente de una inmunización anticáncer es la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) , introducida en el 2006. Debido a que el VPH es la principal causa de cáncer cervical, las mujeres vacunadas deberían experimentar un riesgo más bajo de anormalidades en el examen del Papanicolaou, incluidos precánceres (displasia cervical) y cáncer. Con base en los numerosos estudios que documentan la eficacia de la vacuna, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los EE. UU. actualmente recomiendan que todas las niñas de entre 11 y 12 años reciban la vacuna de tres dosis. Las mujeres de entre 13 y 26 años deben vacunarse si no recibieron la vacuna a los 11 o 12años.

Los CDC también recomiendan la serie de vacunas contra el VPH en varones. En los hombres, diferentes tipos de VPH pueden causar verrugas genitales, mientras que otros tipos pueden causar cáncer en el pene, el ano y en la parte posterior de la boca y la garganta.

¿Por qué todos deberían vacunarse?

Imagine por un momento una enfermedad contraída cada año por más de 50 millones de personas en todo el mundo. El treinta por ciento muere a causa de esta enfermedad y la mayoría de los que sobreviven quedan con lesiones cutáneas desfigurantes (de manera más prominente en el rostro), quedan totalmente ciegos, o ambas cosas. Ahora imagine esta misma enfermedad, la cual ha existido durante al menos 3,000 años, siendo completamente eliminada de la faz de la tierra en escasos 25 años. ¡De más de 50 millones casos que existían ahora no hay casos en ninguna parte! ¿Qué avance médico posiblemente podría ser tan poderoso? La vacuna contra la viruela .

Ninguna intervención médica en la historia de la humanidad ha sido más exitosa que las inmunizaciones, según lo medido por el número total de personas que se han beneficiado. Aunque la viruela es el ejemplo más reluciente de una vacuna totalmente exitosa, los índices de éxito de otras vacunas son igualmente impresionantes. Donde las vacunas están fácilmente disponibles y se administran rutinariamente, los índices de sarampión, paperas, rubéola, polio, hepatitis B y muchas otras infecciones han caído en picada. Por ejemplo, en 1952, hubo 21.000 casos de polio que dieron como resultado parálisis en los Estados Unidos. Para 1980, no hubo ninguno, y los profesionales sanitarios están a punto de erradicar la polio en todo el mundo.

Con base en estos antecedentes increíblemente satisfactorios, se hacen grandes esfuerzos para garantizar que todos los niños se vacunen contra una cantidad creciente de infecciones. A pesar de que se vacuna a la mayoría de los niños, aún quedan algunos niños en los Estados Unidos sin vacunar. Este nivel de cumplimiento parece ser suficiente para impedir el regreso de infecciones sumamente infrecuentes. Sin embargo, la elección de los padres de no vacunar a sus hijos probablemente contribuyó a que se produjeran epidemias localizadas de sarampión y tos ferina (tos convulsa).

Para erradicar por completo una enfermedad infecciosa en una población, se necesitan altos niveles de índices de inmunización. Esto se debe al concepto de inmunidad de multitud. Suponga que una persona inadecuadamente vacunada contra el sarampión entra a una nueva comunidad. Ese caso de sarampión no tendrá impacto en esa comunidad si todos los miembros (todos y cada uno de ellos) ya son inmunes al sarampión, idealmente mediante una vacunación apropiada y oportuna. Sin embargo, si algunos miembros de la comunidad no están lo suficientemente inmunizados contra el sarampión, probablemente se propagará rápidamente con la introducción de este nuevo caso. También se puede propagar fuera de la comunidad si un miembro infectado viaja a otra parte. La única manera de prevenir tal escenario es asegurar que la comunidad completa esté inmunizada contra el sarampión.

Irónicamente, algunos padres renuentes dudan si vacunar o no sus hijos precisamente debido a que el programa de vacunación universal ha sido tan exitoso. Ellos piensan que estas infecciones se han vuelto tan raras, que ya no vale la pena el pequeño riesgo de sufrir efectos dañinos. Esencialmente, ellos están diciendo que sus hijos no necesitan contribuir a la inmunidad de multitud debido a que muchos otros niños ya la tienen. Después de todo, la vacuna contra la viruela se descontinuó en los Estados Unidos en 1972, cinco años antes de que la infección se declarara oficialmente erradicada en todo el mundo. Los profesionales sanitarios argumentan que mientras estas infecciones sigan existiendo en el mundo, se pueden volver a introducir fácilmente dentro de una población que no esté adecuadamente protegida y causar una devastación considerable.

Todos los estados requieren que los estudiantes tengan inmunizaciones actualizadas antes de inscribirse en escuelas públicas. Sin embargo, muchos estados también permiten que los padres envíen a sus hijos a escuelas públicas sin estar inmunizados al registrar oficialmente su objeción.

Las vacunas recomendadas universalmente para todos los niños, adolescentes, y adultos en los Estados Unidos incluyen:

Además de las inmunizaciones recomendadas rutinariamente, existen otras numerosas vacunas indicadas solo para ciertas personas que están en alto riesgo. Estos incluyen:

¿Cómo y cuándo se administran las vacunas?

La mayoría de las vacunas se inyectan profundamente con una aguja dentro de un músculo. En bebés, el sitio preferido para las inyecciones es en el muslo ligeramente de costado porque es el músculo más grande apto para este propósito. En niños más grandes y en adultos, el lugar preferido es el músculo deltoides, en el brazo, porque cualquier dolor persistente no interferirá en la capacidad de caminar. El área de los glúteos no es ideal porque contiene mucha grasa, y tiene el riesgo de dañar el nervio ciático, el cual pasa cerca.

Algunas vacunas se aplican apenas debajo de la piel, de forma oral o se inhalan por la nariz.

El momento óptimo para las vacunas se basa en dos factores que a veces son incompatibles: cuando un receptor es primero capaz de responder al antígeno y cuando necesita protección. Si una vacuna se administra demasiado temprano, un niño no podrá reaccionar con una respuesta inmunitaria adecuada y no se estará adecuadamente protegido. Por ejemplo, esto es verdad con las vacunas virales vivas (sarampión, paperas y rubéola), que por lo general no deberían administrarse antes del primer cumpleaños de un niño. Sin embargo, si una vacuna se administra demasiado tarde, un niño podría contraer la infección.

Otra consideración involucra la necesidad de dosis de refuerzo. La mayoría de las vacunas no estimulan una respuesta inmunitaria adecuada después de la primera dosis, y se deben repetir con dosis de refuerzo en intervalos óptimos para asegurar protección adecuada para toda la vida. Esto incrementa considerablemente el número de dosis que debe recibir un niño antes de que esté completamente inmunizado. Afortunadamente, se pueden administrar múltiples vacunas simultáneamente sin comprometer la seguridad y efectividad. Esto es particularmente importante ahora que los niños reciben rutinariamente 14 inmunizaciones diferentes para el momento en que alcanzan los siete años de edad.

Con el rápido crecimiento en el número de vacunas recomendadas, el programa se ha vuelto bastante complicado. A continuación se presenta una agenda de todas las vacunas de rutina en niños de hasta seis años de edad.

Programa de vacunas recomendado: 0 a 6 años (2013)
Indica el rango de edad para administrar la dosis
Vacuna Nacimiento un mes dos meses cuatro meses seis meses 9 Meses 12 meses 15 meses 18 meses 19 a 23 meses dos a tres años cuatro a seis años
Hepatitis B Hepatitis B HepB HepB HepB
Rotavirus Rotavirus RV RV RV
Difteria, tétanos, tos ferina DTaP DTaP DTaP DTaP DTaP DTaP
Influenza haemophilus tipo b (Hib) Hib Hib Hib Hib Hib
Antineumocócica PCV PCV PCV PCV PCV
Virus de polio inactivo IPV IPV IPV IPV IPV
Influenza Influenza Influenza (anualmente)1
Sarampión, paperas, rubéola (SPR) SPR SPR SPR
Varicela Varicela Varicela Varicela
Hepatitis A Hepatitis A Series de HepA

Fuente: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Disponible en http://www.cdc.gov/vaccines.

1 Segunda dosis necesaria para los niños de entre seis meses y ocho años que se vacunan por primera vez (deben transcurrir, al menos, cuatro semanas entre la primera y la segunda dosis).

Programa de vacunas recomendado: 7 a 18 años (2013)
Indica el rango de edad para administrar la dosis
Indica solo las vacuna recomendadas para ciertos grupos en alto riesgo
Inmunizaciones de actualización
Vacuna 7 a 10 años 11 a 12 años 13 a 18 años
Difteria, tétanos, tos ferina Tdap Tdap Tdap
Virus del papiloma humano HPV (3 dosis) Serie de VPH
Antimeningocócica MCV4 MCV4 MCV4 Dosis de refuerzo a los 16 años
Influenza Influenza (anualmente)
Antineumocócica Antineumocócica
Hepatitis A Series de hep A
Hepatitis B Series de hep B
Virus de polio inactivo Series de IPV
Sarampión, paperas, rubéola (SPR) Series de SPR
Varicela Series de varicela

Fuente: Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Disponible en http://www.cdc.gov/vaccines.

Los niños que no siguen el programa recomendado y aquellos que están en ciertos grupos de alto riesgo pueden recibir estas y otras vacunas en un programa modificado. Los padres y cuidadores de niños que han omitido la dosis en el programa recomendado deben hablar con el pediatra del niño sobre un programa alternativo de vacunación. Existen programas de actualización para niños que omiten ciertas dosis. Encontrará el programa en el sitio web CDC.

También hay un programa de vacunación para adultos de 19 años y mayores. Se encuentra en el sitio web CDC.

¿Qué tan seguras son las vacunas?

Las vacunas son unas de las intervenciones médicas más seguras y más efectivas alguna vez concebidas. Considere al sarampión. El riesgo de una reacción que ponga en riesgo la vida debido a la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (SPR) es aproximadamente de una a dos personas por cada 1.000.000 de dosis administradas. En cambio, el riesgo de muerte por sarampión por sí solo es de uno a tres casos cada 1.000 casos, lo cual significa que un niño que contrae sarampión es aproximadamente 500 veces más propenso a morir por la infección que un niño que es inmunizado contra este (los niños reciben dos vacunas de SPR). Todas las vacunas administradas rutinariamente tienen un índice similar de mortalidad medido en casos por millón.

El hecho de que las vacunas rara vez sean una amenaza para la vida, por supuesto, no significa que sean completamente seguras. Las vacunas están asociadas con una variedad de efectos adversos que van desde ligero malestar en el sitio de la inyección hasta serias complicaciones neurológicas. La inmensa mayoría de reacciones no deseadas son ligeras y transitorias. Estas incluyen dolor localizado, enrojecimiento e inflamación, así como fiebre de bajo grado y exantema. Los beneficios de la vacunación de rutina superan por mucho los riesgos de estas ligeras, autolimitadas e inevitables reacciones.

Sin embargo, debido a que las vacunas de rutina se administran a personas perfectamente saludables que solo tienen un pequeño riesgo de infección futura, cualquier potencial de daño considerable a largo plazo se debe tomar extremadamente en serio. A medida que incrementa el potencial de reacciones adversas, en algún punto el riesgo de perjudicar a un niño saludable en el presente ya no supera los beneficios de protegerlo en el futuro. A pesar de repetidas garantías de numerosas agencias de gobierno y científicos de investigación independiente de que las vacunaciones de rutina cubren los estándares más altos de seguridad y efectividad, un grupo pequeño de padres y organizaciones de defensoría al consumidor, que se hacen oír todavía, siguen sin convencerse. Plantearon preocupaciones sobre las conexiones entre diversas vacunas y una variedad de condiciones clínicas graves, como el autismo, la esclerosis múltiple, el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL) y el cáncer. Una razón por la que persiste esta controversia es que puede ser difícil probar una conexión causal entre las vacunas, las cuales se administran con frecuencia, y la mayoría de estas condiciones, que ocurren rara vez. Incluso si un niño desarrolla, supongamos, comportamiento autista poco después de recibir una vacuna, no significa que la vacuna fue la responsable. Hasta la fecha, no ha habido algún estudio convincente que apoye una relación de causa y efecto entre las vacunas y un riesgo sustancialmente incrementado de estas condiciones crónicas.

No obstante, rara vez, sí ocurren reacciones adversas serias, y es esencial observar estos eventos cuidadosamente. La Ley Nacional de Lesiones Infantiles por Vacunas (National Childhood Vaccine Injury Act) de 1986 requiere que los médicos que administran vacunas mantengan registros permanentes de inmunización y reporten reacciones adversas serias al Sistema de reporte de eventos adversos por vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés). El reporte, en el que coinciden médicos de toda la nación, proporciona ideas para reacciones adversas no anticipadas por todas las vacunas, pero particularmente las más recientes para las cuales hay experiencia relativamente limitada. Además, VAERS puede observar la frecuencia de reacciones conocidas, identificar posibles factores de riesgo para estas reacciones y ayudar a localizar un lote malo de vacunas. Si usted está preocupado de que su hijo pueda haber desarrollado una reacción seria a una vacuna recientemente administrada, consulte al pediatra de su hijo. Además, usted puede informar sus preocupaciones directamente a VAERS, donde se mantiene como confidencial la información de identificación del paciente.

En caso de lesión seria o muerte que se crea que fue provocada por una vacunación, los pacientes y sus familias pueden ser compensados mediante el Programa Nacional de Compensaciones por Lesiones Causadas por Vacunas (National Vaccine Injury Compensation Program), un sistema con franquicia que cubre la mayoría de las vacunas administradas rutinariamente a niños y adultos.

Precauciones y contraindicaciones

Las contraindicaciones se refieren a situaciones en las que una vacuna o vacunas no debieron administrarse a una persona bajo ninguna circunstancia debido a que los riesgos claramente superan los beneficios. Las precauciones se refieren a una situación en la que la vacuna se puede administrar con seguridad, pero los beneficios y riesgos se deben evaluar cuidadosamente antes de proceder. Las contraindicaciones y precauciones podrían ser temporales o permanentes, y podrían aplicarse a todas las vacunas o solo a algunas. Una reacción alérgica grave y potencialmente mortal a una vacuna en particular es una contraindicación para su uso futuro. Sin embargo, la misma persona podría recibir otras vacunas en forma segura.

Como regla general, deben observarse las precauciones si una persona alguna vez tuvo una reacción grave, pero no potencialmente mortal, de la que se recuperó por completo. Entre algunos ejemplos de esto se incluyen fiebre alta, convulsiones o llanto persistente e inconsolable. Las futuras precauciones son, por su puesto, innecesarias en situaciones en las que el receptor experimentó reacciones menores, transitorias que no son inesperadas. Además, si un receptor llega a vacunarse y tiene una enfermedad aguda moderada o severa, generalmente es mejor esperar hasta que la enfermedad se cure antes de administrar la vacuna. Sin embargo, generalmente no se necesitan precauciones para las enfermedades menores; por lo general, las vacunas se pueden administrar con seguridad incluso en presencia de fiebre de bajo grado.

Se deben tener consideraciones especiales en el caso de pacientes inmunodeprimidos. La seguridad y la eficacia de las vacunas dependerán de la gravedad y la causa de la inmunodeficiencia, como SIDA o una condición congénita, y del tipo de vacuna en cuestión. Las vacunas que contienen virus vivos, por ejemplo, en realidad podrían causar la enfermedad infecciosa en tales pacientes e incluso las vacunas perfectamente seguras podrían no producir una respuesta inmunitaria suficientemente protectora. En algunos casos, las personas que conviven con pacientes inmunodeprimidos no deben recibir vacunas elaboradas con microbios vivos debido a que, en raras ocasiones, el virus puede propagarse. Además de las inmunodeficiencias, otras enfermedades o medicamentos para tratarlas, pueden alterar la seguridad y efectividad de la vacuna. Por ejemplo, los niños que reciben corticoesteroides, que en altas dosis pueden tener profundos efectos en el sistema inmunitario, podrían requerir precauciones especiales. De la misma forma podría ser verdad para niños con una historia de convulsiones.

Muchos niños reciben su inmunización retrasada innecesariamente o incluso abandonada debido a ideas equivocadas comunes tanto entre médicos como padres con respecto a cuándo se contraindican las vacunas. Generalmente las vacunas normalmente administradas no se contraindican bajo las siguientes circunstancias comunes:

  • Enfermedad aguda ligera con o sin fiebre de bajo grado en un niño que por lo demás se encuentra en buenas condiciones
  • Un niño en la fase de recuperación de enfermedad
  • Uso actual de antibióticos
  • Exposición reciente a una enfermedad infecciosa
  • Reacción a una dosis previa de vacuna que involucra solo dolor localizado, enrojecimiento o inflamación
  • Bebés que nacen prematuramente
  • Madres en lactancia
  • Historia de alergias no específicas o familiares con alergias
  • Historial de alergias a la penicilina o a cualquier otro agente antimicrobiano, excepto reacciones anafilácticas a neomicina o estreptomicina
  • Historia familiar de convulsiones, síndrome de muerte infantil súbita o sucesos adversos después de inmunización
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